Jhon
Alguien dijo que si encontraba tres hombres justos la ciudad
no sería destruida
no sabía dónde estaban la esquinas golpeaba las paredes y mi
pecho
cuando deje las escaleras el sol me tatuó lo ojos como la
sal
y las voces se hicieron un grito de murciélago moribundo
-es de madrugada- así lo supe
Atientas con mi oídos adivinaba los poros de la ciudad que
salvare
Decidí que de mi sangre brotaba el odio y que cada gota me
volvía puro amor
el odio me dejaba como una enfermedad venérea
y mis manos instrumentos forjados en las aceras y en las
esquinas
cuando el átomo se
hizo copula
entregue mis profanas piernas
a las alcantarillas con las codornices que se refugiaban en
el suelo y la basura
están hambrientas y son glotonas
- recordé a los políticos-
salte
me insultan
los insultos de la
noche parecen un árbol banal
estoy en un mundo de iluminación donde el tibet es una gota
de sudor
las manos mis manos son ardides sacros
los pies mis pies y los de ellos son lavados en agua
ennegrecida y hediendo a cuero viejo
la ceniza en mi rostro y con el olor a metol en mis fosa
nasales y las de él
(el sonríe) con solo su rumor forma las cenizas las expele y
las levanta es una catarata invertida
Es John y me ha bautizado y me volverá a bautizar
sus manos alcanzara
mis nervios
-estaré equivocado
será el profeta, mi profeta, nuestro profeta o el de ellos-
Entonces hablamos
me insulta, lo empujo y le digo:
Cuando tu corazón se detenga
ahí sabrás que estás vivo
y ellos te buscaran
irán de tras de ti
y sin importar cuantos labios te llamen
no alcanzaran a
pronunciar tu nombre
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