Aún no olvido la sonrisa de las estrellas
derribando mis oídos
porque con ese recuerdo intenté
engañar al carcelero
para que dejara las puertas abiertas
y no permitiera que la oscuridad
se refriegue en mi rostro
Aún puedo oler un poco
el roce de la noche
erizando la espalda
Aún oigo los murmullos de los cuerpos
apilados diciendo mis palabras
masticando mis poemas
eructando mi segundo nombre
mientras la polilla blanca no termina
de alzar el vuelo
Aún mis manos como bisagras
sienten el sabor del herrumbre
A pesar de que escupo continuamente
no puedo dejar
atrás el sabor de la baba alcalina
que magullaba los cuerpos de algunos
y tornaba con brío
las manchas causticas que tenían
los policías en la espalda
cuando caminaban en medio de nosotros
Cada policía cada soldado
era un clavo que se calcificaba en la espalda
como un recordatorio
Pero ahora por fin soy libre
respiro y no recuerdo casi nada
todos viene por mí
me rodean cada uno
luego observo a la abuela con sus ojos apuntalando el
horizonte
mientras las puertas se cierran y lloran.

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